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La Crónica de Guadalajara
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Lunes, 17 de febrero de 2020

La casta y el arte de Paco Ureña abren la puerta grande “Iván Fandiño” en la primera de la Feria

Reseña del primer festejo de Guadalajara. AMPLIA GALERÍA GRÁFICA.
Actualizado 15 septiembre 2017 10:49. Primera publicación 15 septiembre 2017 07:48.
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Apenas media plaza para ver a tres triunfadores de Madrid, porque la terna al completo, sería injusto olvidarlo, ha conocido las mieles de Las Ventas en algún momento de su trayectoria.

Paco Ureña, que está entre los más queridos en el Foro en estos últimos tiempos, demostró sus razones también en Guadalajara, aunque sin necesidad de mancharse el traje hasta los extremos en que lo suele hacer en la capital, donde al arte le suma dramatismo sin límite.

Para abrir la recién nombrada puerta grande "Iván Fandiño", el murciano con residencia en El Casar hubo de cortar un apéndice a cada uno de sus oponentes. En el que hizo tercero, al que recibió por chicuelinas, se gustó especialmente en algunos naturales llenos de sabor. Exprimió hasta la última gota al de Monte la Ermita, que aún entregó tres naturales agónicos antes de recibir un pinchazo y una estocada entera y eficaz. La primera oreja estaba conseguida y merecida.

Con el que cerró plaza las cosas fueron algo más complicadas ante un toro largo, enmorrillado, cariavacado y un punto reservón. Se mostró lidiador Ureña en el último tercio, mientras las peñas resolvían sus rivalidades a charangazo limpio y a grito pelado desde los altos del sol. Lo mejor, el fulminante estoconazo y la segunda oreja. Lo justo para salir a hombros.

Estocada seria, como pocas se han visto en los últimos tiempos en el coso de Las Cruces, la que enjaretó el francés Juan Bautista al cuarto de la tarde, en la suerte de recibir y que le valió una oreja. Fue una estocada espléndida y con toda la verdad de la fiesta concentrada en un instante. En todo lo anterior, estuvo como acostumbra: diestro de maneras suaves, lució su capote en el primero y anduvo aseado en la muleta frente a sus dos oponentes.

El Cid tocó pelo también en su cita alcarreña, lo cual es una buena noticia para un diestro que tiene por (mala) costumbre abandonar los ruedos con las manos vacías por culpa de la espada. Fue en el quinto, con la tarde ya encarrilada, donde supo encontrar momentos de gran pero fugaz brillantez con la zurda frente a un astado que no humillaba. Al burraco segundo, que había protagonizado el encierro matinal al frente de la rehata, le hizo lo que pudo ante una embestida rebrincada y huida, de manso. Y aun así, uno de los naturales resultó grandioso. 

Ni el burraco segundo, con la marca aún de Carmen Segovia, ni los otros cinco que saltaron al ruedo llegaron a dar 500 kilos en la romana. Tampoco anduvieron sobrados de la emoción de la casta... esa que a Paco Ureña, a él sí, le rebosa por los alamares.

Al acabar el paseíllo, antes del inicio del festejo, la plaza entera dedicó un minuto de silencio a la memoria de Iván Fandiño.


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