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La Crónica de Guadalajara
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Gagarin ya no vive en Guadalajara

Actualizado 24 diciembre 2017 12:35. Primera publicación 24 diciembre 2017 12:18.
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Si el hombre no llevara muerto desde 1968, el Ayuntamiento de Guadalajara podría haberse planteado hacer Hijo Adoptivo de la Ciudad a don Yuri Alekséyevich Gagarin, el cosmonauta que mejor ha sonreído de todos los tiempos. Sus principales méritos fueron mojarle la oreja a la industria aerospacial norteamericana, en su alocada y algo disparatada carrera por conquistar el espacio. En la capital de la Alcarria el hombre ha estado viviendo como si nunca se hubiera muerto y como si nunca fuera a morir. Pero ya no está.

Los vecinos se habían acostumbrado a verle con el casco puesto y la bolsa de Mc Donald's flotando en el espacio exterior. Ocupaba, en forma de grafiti, uno de los rincones más fotografiados por los turistas en la ciudad, con permiso del Palacio del Infantado.

Como está en la calle Pintor Antonio del Rincón, junto a la Redacción de este periódico, los que hacemos LA CRÓNICA DE GUADALAJARA damos fe de que así ha sido. Raro era el día en que el astronauta no terminaba retratado, sorprendidos los visitantes por la buena factura del mural y su originalidad. El caso es que atraía por igual a gentes de toda edad y condición, cámara o smartphone en ristre. Se lo llevaban de recuerdo con más facilidad y a mejor precio que la tradicional caja de bizcochos borrachos.

Gagarin estaba de prestado en una pared que apenas escondía uno de los muchos solares que salpican la ciudad. En esta calle, aun siendo tan corta y tan céntrica, ya tenemos dos.

Por capilaridad y desde el deteriorado subsuelo subía humedad suficiente para que la pared se desconchonase sin remedio, hasta el punto de que el autor ya tuvo que acudir alguna vez a remendar su obra, como un Leonardo del siglo XXI, pero con spray en vez de con brocha.

Cuando escribimos la primera versión de este artículo, en julio de 2016, no sabíamos qué desaparecería antes: si Gagarin en su inevitable deterioro o la pared que lo sustentaba, sometida a alineación y ya entonces en vías de ser condenada judicialmente al derribo. Una historia menor dentro de lo que suele acontecer con el urbanismo de Guadalajara.

Creíamos que para cuando Yuri nos dejara huérfanos de su rostro cósmico y sereno a lo mejor la municipalidad ya había emprendido, con un valor que hasta ahora sólo se le supone, algún plan para grafitear lo más organizadamente posible las paredes yermas, las medianeras hirientes, los cierres de los solares más insoportables. Hay ejemplos variados en España y en Europa de cómo se puede animar, apoyar y muy económicamente pagar este embellecimiento de la ciudad. Así, sería el arte y no el vecino (por sus impuestos y tal) el que se subiera por las paredes.

Darle color al gris del cemento y del granito que alicata nuestra ciudad puede ser más que una idea. Podría ser una gran idea. Incluso, tal vez, el inicio de nuestra redención como paseantes por territorio hostil.

Pedíamos aplausos a este Gagarin mientras viviera. Démosle descanso eterno, ahora que ha muerto definitivamente. Entre medias, exploremos hasta qué punto puede valer de ejemplo y de remedio.

P.D: Si se hubieran acercado a ver al ruso en su vuelo inmóvil, podrían habernos saludado, que estamos al lado. Nosotros aún aguantamos. Y, además, sin casco.

(Este artículo es una actualización, in memoriam, del publicado el 10 de julio de 2016)


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