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La Crónica de Guadalajara
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Jueves, 20 de febrero de 2020
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Con la tarjeta sanitaria en la boca y para nada en muchas comunidades autónomas

Oficina de farmacia, en una imagen de archivo.
Actualizado 24 julio 2017 19:12
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Quieren desde el SESCAM, con entusiasmo autonómico difícil de compartir, que nos alegremos por el hecho de que desde hace un año podamos retirar la medicación prescrita en receta electrónica en las farmacias de Canarias, Extremadura, Navarra, Comunidad Valenciana, Galicia, Aragón, La Rioja y Castilla y León, sin necesidad de acudir al médico para que le imprima al osado paciente viajero las prescripciones cuando viaja a cualquiera de estas comunidades.

Todo es cuestión de cómo nos situamos ante la botella, si de pie o cabeza abajo, porque todavía no se puede decir lo mismo quien se deje caer por Andalucía, Asturias, Baleares, Cantabria, Cataluña, Murcia, País Vasco, Ceuta, Melilla y sobre todo esa región tan lejana, tan lejana que se llama Madrid. 

Ese paisaje de regiones cerradas al paso de los pacientes crónicos que somos o seremos casi todos provoca melancolía pero, sobre todo, que nos duelan los cojones del alma (Miguel Hernández dixit) cuando buscamos consuelo bioquímico para nuestros males.

Pocas materias reflejan como la Sanidad el dislate insoportable que las Comunidades Autónomas han supuesto para el sentido común, la igualdad y la solidaridad entre los españoles desde 1978. Dentro de ellas, pocas como el empeño de tantos paletos con cargo público que no pararon hasta concebir en caja región una tarjeta sanitaria informáticamente incompatible con la del pueblo de al lado. 

El café para todos nunca llegó a ser invitación a carajillo, como nos vendieron: el coñá se lo debieron pimplar los Padres de la Patria cuando idearon este engendro. Con el agravante de que algunos se feliciten, 39 años después, por el hecho de que aún estemos luchando por sacar media pierna del agujero en que nos metieron. 

Yo ya sé dónde le metería la tarjeta sanitaria a algunos de lo que trajeron este sindiós.

Usted supongo que también.

Y más aún, en tiempo de vacaciones.

 


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