Domingo, 12 de julio de 2020    
La mano negra (Un canto al periodismo en el Día de la Libertad de Prensa)
Actualizado 3 mayo 2018
El pasado domingo, el último lluvioso del lluvioso abril de 2018, amanecieron de luto los kioscos.

Puestos en batería, los periódicos del día parecían una sucesión de esquelas, con sus primeras páginas de negro riguroso.

A algún ingenioso creativo publicitario se le había ocurrido que sería buena idea anunciar un coche alemán vistiendo así, con una sobrecubierta zaína, a todos los diarios españoles por igual. Ingenioso, sí, como también estúpido por la condena a la negritud inmediata de las yemas de los dedos de los cada vez más escasos lectores que aún son fieles al papel.

Es tan extraño leer un diario de papel que no extraña que un ejecutivo de una agencia de marketing ignore que la tinta mancha. Manejamos tanta información que ya vamos desconociendo hasta lo más evidente.

Es tan raro que respetemos nuestra historia que pocos sabrán que La Mano Negra fue una sociedad anarquista que, para pasmo de los catalanes, no nació en la Barcelona obrera, sino en la Andalucía campesina, se suponía que para rebanar terratenientes en el reinado de Alfonso XII. Visto desde la distancia, parece probable que todo fuera un invento de la Guardia Civil y del Gobierno de la época para encarcelar de una sentada a 3.000 jornaleros. La verdad cierta nunca se supo, aunque algunos de los muchos periódicos de entonces se esforzaron por aproximarse a lo realmente ocurrido, y publicarlo, mientras otros seguían los dictados del Ministerio de la Gobernación. O sea, lo acostumbrado.

Es tan cierto aquello como que uno de los mejores periodistas españoles de todos los tiempos, el gallego Julio Camba, empezó anarquista y en el banquillo tras la Semana Trágica y terminó como descreído inquilino del madrileño "Palace", sin perder por ello un ápice de su ingenio, perspicacia y mala leche. Se puede ser persona siendo muchas personas en un solo cuerpo. Incluso va a resultar que los mejores liberales españoles son los anarquistas. O viceversa.

Ese domingo, 29 de abril de de 2018,  gracias a los periódicos españoles, hemos saludado antes o después de misa de doce, antes o después del desayuno, antes o después del vermú, con la mano más negra que un carbonero.

Todos los periódicos parecían iguales ese domingo, como si el deseo de los gobernantes de ayer y de hoy se hubiera cumplido. Pero va a ser que no: bastaba quitar la sobrecubierta para dejar de pringarse y así observar que las portadas eran distintas, como distintos los contenidos del interior.

Seguiremos informando, incluso a pesar de los simuladores que aparenten ser periodistas y no pasan de correveidiles. 

Seguiremos, pues, publicando noticias de lo que sea relevante.  Cada cual, según lo vemos. Cada cual, según lo veamos. 

Y los digitales, además, sin tinta que nos manche las manos.

Va por ustedes.